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Lunes 29 de Junio 2009
Trastornos como ansiedad y depresión se duplican en niños con problemas de sobrepeso, más sedentarios y con una peor alimentación

Una mala alimentación afecta física y psicológicamente a los niñ@s.

Una mala alimentación no sólo afecta al equilibrio físico del niño, también al mental. Los problemas psicológicos se duplican en los niños que sufren sobrepreso.

Un estudio español, realizado en las consultas de Atención Primaria, ha relacionado por primera vez la falta de actividad física de los niños y las dietas desequilibradas con una mayor lentitud psicológica y emocional de los escolares españoles.

Trastornos como ansiedad y depresión se duplican en niños con problemas de sobrepeso, más sedentarios y con una peor alimentación. Por el contrario, encontraron un mejor equilibrio  emocional en los niños con mayores niveles de actividad física y mejor alimentación.

Los resultados se han obtenida de una encuesta con 430 niños de entre 4 y 14 años. La muestra no es muy elevada, pero refleja una tendencia preocupante revelada por otros estudios previos. «Los niños españoles cada vez se alejan más de la dieta mediterránea. Comer en casa ha dejado de ser sinónimo de comer más sano», señaló ayer Lluis Serra, uno de los autores del análisis y director del Centro de Investigación en Nutrición Comunitaria del Parque Científico de la Universidad de Barcelona.

Suspensos en verdura y fruta.

La mitad de lo menores no prueba la verdura ni siquiera una vez al día, la «comida rápida» es «habitual» y sólo el 40% toma más de dos piezas de fruta o zumo al día. La rutina nutricional falla desde primera hora del día. Muy pocos incluyen los nutrientes de un desayuno completo: cereales, lácteos y frutas. Pero el 20 por ciento desayuna de forma habitual bollería industrial y el 73% tan sólo galletas o pan. Los niños del estudio que no desayunaban -el 8 %- también tenían más retraso motriz y problemas de socialización. Su rendimiento físico también era peor.El estudio revela que el 25% de los niños tiene unos hábitos nutricionales «muy malos»A más peso, peor desarrollo emocional y mayor riesgo de sufrir en el futuro trastornos de la conducta alimentaria, como la anorexia y la bulimia. Los niños con más peso se relacionan peor, se aislan y también se deprimen más. «Es difícil saber si la obesidad es la causa o el efecto. Pero es evidente que el acto de la alimentación tiene un contenido emocional», aseguró Serra.

El profesor de la Unidad de Neuropsicología de la facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Madrid, Francisco Rodríguez, está convencido de que la alimentación modifica las emociones del individuo y su estado de ánimo, por lo que alertó de que puede ser un mecanismo muy importante implicado en la obesidad si no se trata de forma apropiada desde el punto de vista psicológico. «Las emociones intervienen no sólo sobre la percepción del alimento, sino también sobre el apetito», apuntó.

Los expertos responsabilizan de esta situación no sólo al abandono de la dieta mediterránea sino al olvido de que la alimentación es un «acto social» que debe hacerse en familia. Comer con los seres queridos produce una activación cerebral que promueve la liberación de neurotransmisores que dan lugar a sensaciones placenteras. La socialización también promueve los hábitos alimenticios saludables entre los más pequeños. Otro error es comer frente al televisor. Todos los efectos positivos de comer en familia desaparecen si se hace frente a la «tele».

 

 

 
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