¿Qué más podemos pedirle a la música?
Fuente:Dña. María Dols Molina. Coordinadora de la escuela de música Para Elisa.
En el vientre materno. El bebé.
Son muchos los estudios que hablan de la importancia de una estimulación musical desde el embarazo ya que al parecer mejora el crecimiento del feto y refuerza los lazos afectivos entre madre e hijo. Hoy en día, incluso, es posible recomendar una música en concreto para cada periodo de gestación y para cada momento en la vida del niño dependiendo de qué queramos estimular: sus capacidades, estados de ánimo o personalidad. No es la misma música la que deberá escuchar un niño nervioso, al que habrá que apaciguar y centrar un poco, que un niño demasiado tranquilo al que queremos motivar. Sin olvidar, por supuesto, que el cerebro tiene dos hemisferios con funciones bien diferenciadas y cada tipo de ritmo, melodía y frecuencia activa zonas diferentes del mismo. La música clásica activa el hemisferio derecho, donde se procesan la lógica, las matemáticas y la concentración y el hemisferio izquierdo, responsable del habla, la creatividad y la fantasía. La música moderna, el pop y el rock, al incitar al baile, estimula las funciones psicomotrices. En esta fase del desarrollo del niño son los padres los responsables de sumergir al niño en diferentes sonidos, melodías y canciones.
Los niños que estudian música
Hasta ahora el niño o la niña se han relacionado con la música de forma pasiva, no reglada, principalmente a través del oído pero, ¿qué le ofrece la música al niño que decide estudiarla?
Cada padre y madre lleva a su hijo a una escuela de música con una motivación distinta. No importa cual sea el motivo, el caso es que consciente o inconscientemente, está contribuyendo a la educación y al desarrollo integral de su hijo porque la música es una disciplina.
El aprendizaje musical y la práctica de un instrumento ejercitan valores tan importantes en los niños como el esfuerzo, la concentración, la constancia en el estudio, la perseverancia, la capacidad de superación y algo muy importante, la autonomía y la autoestima.
El cambio en el niño se produce desde el primer día de clase, no hace falta llevar diez años. Desde ese primer instante se produce un “cortocircuito” en la mente del niño. Los retos y dificultades a los que se enfrenta no tienen que ver con letras o números, sino con sonidos, y la curiosidad innata que todos llevamos dentro empieza a funcionar.
Lo más increíble de todo este proceso es que si el niño sigue las indicaciones del profesor todo surge de forma natural. Lo bueno del aprendizaje musical es que con solo diez minutos de dedicación van desapareciendo las limitaciones del día anterior y se crea un fuerte sentimiento de superación y satisfacción.
De este modo, el niño va creando un hábito inconscientemente y va adquiriendo disciplina, concentración, constancia, capacidad de superación, perseverancia, esfuerzo, autonomía y autoestima.
Desde luego cada uno de estos valores por separado son lo suficientemente importantes, pero si además nuestros hijos se divierten realizando una actividad creativa que los desarrolla todos juntos... ¡¿Qué más podemos pedirle a la música?!