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Lunes 19 de Abril 2010
La afectividad es la necesidad humana de que el niño se sienta querido por sus padres o persona próximas.
Afectividad y aprendizaje.
 
Fuente: Álvaro de Verástegui Alburquerque, Pedagogo y Tutor de 2º de Primaria.


¿Cómo definiría usted el término afectividad?

La afectividad es la necesidad humana de sentirse considerado y atendido por las personas de referencia (normalmente, los padres y personas próximas). 

¿Qué tipos de relaciones afectivas son las más comunes?

En mi experiencia docente compruebo que hay un abanico de relaciones que van desde la sobreprotección exagerada hasta el abandono afectivo. Los niños necesitan sentirse queridos siempre y no se puede jugar con esa sensación, lo cual no quiere decir que se les deba dejar hacer lo que quieren a cada momento o que no haya que plantearle retos o responsabilidades personales.

¿Cómo influye la afectividad en el aprendizaje?

Para que un niño desarrolle sus capacidades hay una serie de elementos fundamentales como son: Una buena autoestima (todos necesitamos que se valore nuestro esfuerzo), modelos positivos hacia el aprendizaje (padres, hermanos,etc.), un ambiente propicio para centrar la atención en la tarea que se persigue y hábitos saludables (alimentación, sueño) que ayuden a la construcción del pensamiento y la memoria. Desde muy temprana edad (2-3 años) hay grandes diferencias entre los niños dependiendo de los diálogos que mantienen con sus padres y los modelos que estos les prestan a nivel lingüístico. 
Cuando existe una relación afectiva perturbada (abandono afectivo o sobreprotección) el niño suele presentar algunos de estos síntomas: dificultades graves de atención, falta de motivación hacia los aprendizajes o escasa memoria. 
 
¿Cuáles pueden ser las causas de estas perturbaciones afectivas?
 
El primer extremo sería la relación de sobreprotección y escasa autoridad de muchos padres que conlleva una falta de responsabilidad, autonomía y de sentido de los límites en sus hijos. Es lo que llamamos el síndrome del Rey o la Reina del hogar. Lo más preocupante es que los inhabilita para conseguir fines por sí mismos y supone una de las causas del fracaso escolar.

El segundo extremo es el abandono afectivo y puede estar causado por diversos factores entre los que destacaría: 
  -1- Patologías diversas (psicosis, incapacidad mental, ludopatía, alcoholismo...).
-2- Modelos negativos heredados y repetidos (violencia, malos tratos...).
-3- Dejación de funciones paternas por falta de consciencia (obsesión por el trabajo, el dinero...)

¿Cómo trata usted estos problemas en su labor de tutor?

Lo primero es detectar y situar bien el problema puesto que cada niño es un misterio que se debe desentrañar. Después, hay que superar las resistencias y miedos de los padres evitando culpabilizarlos pero indicándoles el camino de la educación responsable.

¿Qué entiende usted por educación responsable?

Entiendo que los padres educan responsablemente a su hijo o hija cuando son capaces de propiciar situaciones en las que éste pueda aprender según su edad y capacidades. Me refiero a todo tipo de aprendizajes, desde aprender a nadar (necesita la ayuda de un adulto o de manguitos para iniciarse en el agua) hasta relacionarse socialmente a través del lenguaje oral y escrito. El padre o la madre son los mediadores entre el niño y el mundo. Esa protección y mediación en los primeros años es muy importante pero debe ir difuminándose conforme el niño es capaz de encarar nuevos retos y ampliar su autonomía. La ayuda que los padres deben prestar a su hijo o hija es, por regla general, la mínima para que este se sienta útil en sus descubrimientos y aprendizajes. Lo que está fuera de toda duda es la necesidad de sentirse querido y valorado en el esfuerzo personal y en el día a día, pase lo que pase
 
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